Antes Casa de la Hermandad
Dani 2005
Casa Consistorial y antes escuelas
Dani 2005

 

Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba y de la gloria en las flores, no hay que afligirse. Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo..... (William Wordsworth)

 A  la memoria de nuestros antepasados que vivieron esta TIERRA.

 

(Pulsando sobre las palabras en color y subrayado obtenemos mayor información)

 

Respondo al nombre de Hinojar del Rey.  Ayer, en mí tuvo su  asiento el arévaco, a quien vino a someter el romano, el visigodo dio tierra a sus muertos, y el moro le hizo huir hasta Amaya. Al poco era tierra quemada y objeto de rapiña del moro y del cristiano. Por este  fui de nuevo roturada, me convirtió en comunidad de aldea, luego sociedad feudal de clases y poco a poco al hoy he llegado olvidada.

 Y conmigo mis hermanas al norte Peñalba de Castro, Quintanarraya, La Hinojosa y Espeja de San Marcelino. Al oeste Coruña del Conde, al este Quintanilla Nuño Pedro y al sur Brazacorta, Alcoba de la Torre y Alcubilla de Avellaneda.

 Por no tener no tengo ni libros donde puedan buscar su pasado el escaso centenar de Hinojareños  que aún me habitan y respiran a un millar de metros de altitud. En 1975, los libros de la Iglesia se enviaron al  Archivo Diocesano de Burgos y en 1979 los del Ayuntamiento y Juzgado fueron a  Huerta de Rey, cuando  me hicieron su pedanía. 

 Estoy enclavada en Castilla-León, en la provincia de Burgos, a  caballo entre la Sierra de la Demanda   y la  Ribera del Duero, Mancomunidad del Alfoz de Lara, me administran justicia desde  Salas de los Infantes de la que disto 34 kilómetros y desde donde puedes visitarme si tomas la C-111. También la puedes tomar desde Aranda de Duero, a 37 kilómetros , dirección Huerta de Rey; pasas por Coruña del Conde y  giras en el primer desvío a la derecha.

 

Al norte, lavando la loma en que me asiento, el río Espeja, y hasta su confluencia con el Arandilla, a unos 3 kilómetros , jalonan su curso unos  altozanos conocidos con el expresivo nombre de “Los Castrillos”.  Alto del Cuerno, Salterio y Alto Redondo. Otros parajes como Ribota, El Barranco o El Corcho guardan jirones de mi existencia.

 

 El edificio parroquial corona el extremo occidental de mi casco urbano, junto a un fuerte desnivel del terreno, en el que se asientan notables e intactos ejemplos de arquitectura popular, milagrosamente supervivientes, como el lagar de Abajo y un rosario de bodegas centenarias. Consagrada a San Andrés apóstol, a pesar de la antigüedad del sitio, los restos constructivos más antiguos datan de la época gótica, sin que se aprecie ningún elemento románico. La parte mas noble y antigua es el ábside al que se unió por la cara sur mas tarde la sacristía. Consta de una sola nave con dos capillas. Ambas están situadas en el lateral izquierdo. La dedicada a La Inmaculada   forma parte de la nave, mientras que la de San Miguel ocupa el lateral izquierdo del ábside, donde descansan los restos del Bachiller Lezama.

  Los hinojareños son fieles devotos de su patrona “ la Virgen de Buezo”. De confuso pasado, dicen que tiene su origen en Fuencaliente, en la época de Doña Urraca de Avellaneda, al construir ésta, en 1175 el monasterio de Santa Maria de Fuencaliente,  primer monasterio femenino cisterciense de Castilla. Tras la destrucción del convento en 1550 pasó esta Virgen, cuyo nombre inicial fue “Virgen del Valle”, a manos de los monjes de Guijosa. Con ella pedían sus limosnas. Una de sus paradas fue el término de  Buezo a 3 kilómetros de mis arrabales, donde construyeron una humilde capilla que en 1914 se amplió y convirtió en la actual ermita. Otra posibilidad apunta.

No menos devoción despierta el “Cristo del Otero”, situado apenas a 1 kilómetro hacia el sur de mis primeras casas y que veneran en la ermita del Santo Cristo. La visitan el día de San Isidro, desde donde se bendicen los campos y el ayuntamiento agasaja a los vecinos con un almuerzo. Los rumores dicen, que fue capilla de una congregación de monjes, cuya residencia se encontraba en una finca, justo en frente de la ermita, y que su propietario actual ha sacado piedras de cimientos, baldosas e incluso piedra tallada. También dicen que yo, Hinojar del Rey, me encontraba asentada al pie de la montaña y no arriba, como estoy ahora, la iglesia era un camposanto, porque antes de reformar  el suelo, las anchas tablas simulaban la forma de las tumbas y a medida que se iban resquebrajando se dejaban ver trozos de platos y cerámica rota, que decían poner a los muertos. 

 

¿Y qué decir de la leyenda de uno de mis más preclaros hijos?  Vivió en la casa grande, la que está blasonada, y  fue asesinado, cuando antes de abrir la puerta e intentar adivinar por la mirilla la personalidad del que llamaba,  este armado de un espetón, atravesó mirilla y ojo del buen Lezama, dejando su mano ensangrentada en la pared impresa. Largos años pasaron sin novedad alguna hasta que alguien tomando su copa de vino brindó en la vecina villa de Coruña del Conde ¡¡A la salud del que mató a Lezama!! La suerte del asesino según dicen mis habitantes no fue muy agradable pues cuentan que una vez descuartizado colgaron cada cuarto en  sendas esquinas.

 Si verdades son, yo no puedo decirlo pues es labor de al que interese, sopesar con justo criterio cada dato que coteje. Más hoy se está haciendo tarde. Ya el sol me ilumina con sus últimos destellos, dejemos para mañana mi relato  que será otro empeño.

 

 

Hinojar del Rey,  23 de Mayo de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

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